Camino del Norte, desde San Sebastián a Gijón

Playa de San Martín, Asturias

Ramón Villeró
escritor y fotógrafo, director de Viajes Magazine


Un par de semanas por el Camino del Norte nos permiten conocer algunos de los paisajes más bellos del litoral cantábrico.

El camino de Santiago tiene muchas ramificaciones y variaciones. Se puede viajar a Santiago de Compostela desde varios rincones de Europa y de la península Ibérica, pero, sin duda, una de las propuestas más atractivas es la del Camino del Norte, un camino que transcurre al lado del mar, aunque también, en parte, por zonas rurales del interior.

La costa del Cantábrico sorprende por la grandiosidad de sus playas, por esos paisajes que con la marea baja dejan una extensión de terreno por la que caminas kilómetros y kilómetros... Si lo comparas con el Mediterráneo español, el Cantábrico es todavía un paisaje virgen, nada explotado. El camino se convierte no solo en un viaje en el que tienes mucho tiempo de reflexionar sobre tu vida, sino que también te seduce con la contemplación de parajes realmente excepcionales.  

 De San Sebastián a Bilbao

 En realidad, el camino del Norte empieza en Irún y nos conduce en unos 30 o  34 días a Santiago de Compostela. En mi caso, decidí empezar el viaje en San Sebastián y llegar en un par de semanas  a Gijón. Además hice un viaje un poco a mi medida, en el que sobre todo quise rodearme de naturaleza y saltarme las etapas más urbanas.

Mi periplo empieza en el Monte Igueldo, con esa vista casi aérea de la playa de La Concha, ideal con la que empezar el viaje.

En Euskadi, la mezcla entre mar y montaña, entre paisajes de azul y el mundo rural definen el primer tramo del camino.  Después de las primeras etapas bordeando el mar, le siguen tres etapas por el interior de la comunidad que son un regalo para los sentidos.

El primer día al llegar a Zarauz escribía: “Todavía es temprano. La tarde transcurre de la misma manera: lenta y precisa. Me sobran las horas. ¡Qué delicia!”

Era casi un adelanto de cómo iba a vivir el camino. A partir de Zarauz, la ruta abandona la costa y se adentra en el monte vasco y permite ver un mundo rural que en parte se está perdiendo. Ves hermosos y solitarios caseríos, otros en ruinas y abandonados. Antes de llegar a Gernika hay caminos de ribera, paisajes de arroyos, robles, hayas, abetos y fresnos.

Entre dos caminos veo  una enorme pintada en color amarillo, el color de las indicaciones, flechas y conchas  del Camino de Santiago, donde se puede leer, “free your mind” y en realidad es así: libera tu mente. Suéltala, déjala que busque su propio espacio mientras caminas.

Para poder finalizar el recorrido en un par de semanas, me salté un par de etapas urbanas. Entre  Gernika y Portugalete hice el trayecto en autobús y después en metro, para luego caminar desde Portugalete a Pobeña, evitando el paso por Bilbao ciudad.

 De Portugalete a Gijón

En Cantabria y Asturias, pequeños pueblos salpican el paisaje, muy a menudo al final de playas extensísimas por las que has caminado durante muchas horas. La vida tiene un aire tranquilo y  sosegado: soledad y naturaleza son las verdaderas protagonistas de las jornadas. Las playas de Laredo y  entre Santoña y Noja, el trayecto por las dunas de Somo, o el cruce en barca hasta Santander son parajes que quedan guardados en tu memoria.  

En Santander, en vista de que el camino se separa del mar, tomé un tren hasta Puente San Miguel para después caminar hasta Santillana del Mar y poder admirar las calles y casas empedradas de la ciudad medieval.

Más delante encontramos, Comillas y su imborrable huella modernista. San Vicente de la Barquera, Llanes sus playas y acantilados, se suceden día a día.  Mientras caminas mantienes un diálogo contigo mismo y te preguntas acerca de la vida y la muerte.

Cerca de Ribadesella, en una aldea, una mujer me cuenta que cuando ella era niña el cura de la aldea le explicaba que “por aquí en la época de la Reconquista pasaba el Camino de Santiago”. No había un solo peregrino, ahora, sin embargo, por el Camino del Norte pasan varios a diario, unos veinticinco, dice la mujer.  Igual ya son cincuenta o cien, y más que llegarán el próximo año jacobeo (2027) pero el camino siempre es distinto.  

Llegas a Ribadesella, atraviesas  la inmensa playa de Vega y ya luego Lastres, Villaviciosa y Gijón donde finalizo mi andadura.  El escenario es magnífico y cada lugar que acabo de nombrar da para escribir una entrada. Aunque el camino son sobre todo las horas en que caminas en soledad y en que tú eres casi nada y todo se magnifica y se hace grande a tu alrededor.  En una de las etapas, después de cuatro horas, me siento a un lado del camino y me como una naranja que por la mañana me han dado en el hostal. Una naranja normal y corriente, que sin embargo ahora me sabe como la mejor naranja del mundo.  La he sorbido y saboreado hasta el último gajo.

 El camino: consejos básicos

 Calzado cómodo

Probablemente el mejor consejo de todos. Es indispensable que el calzado sea cómodo y que no esté recién estrenado. También se recomiendan unos calcetines sin costuras, ideales para evitar ampollas y rozaduras.

 Palos de esquí / travesía

Si no estás acostumbrado a caminar durante cinco o seis horas al día, los palos de travesía son de gran ayuda, sobre todo para los descensos prolongados cuando sobrecargamos demasiado las rodillas.

 Mochila ligera

Lo ideal son 6/7 kilos y deshacerse de todo aquello que parece prescindible. No hace falta llevarse dos guías y cuatro libros.

 Toalla, cantimplora

Una toalla de microfibras de tamaño mediano (65 X 90 cm) siempre a mano es una de las mejores soluciones para sentarse en cualquier sitio, secarse el sudor, e incluso protegerse del viento. También la cantimplora debe ser de tamaño mediano (1 litro).  En la mayoría de etapas se encuentra agua en abundancia y bastará con llevar la cantimplora medio llena. 

 Etapas, hoteles y albergues

Hay quien sigue las etapas de principio a fin. La alternativa es ir un poco por libre. Pararse allá donde el cuerpo lo pide o la vista invita a quedarse. También se puede escoger dormir en pequeños hoteles y pensiones.

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