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El dr. Livingstone, supongo

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En Ujiji, a la orilla del lago Tanganika, Henry Stanley se encontró con David Livingstone, el viajero y explorador inglés que había partido a explorar África en busca de las fuentes del Nilo.
Corría el año 1869 y por encargo del director del diario New York Herald , Stanley había emprendido la tarea de encontrar a Livingstone, perdido en algún rincón del inexplorado continente africano
David Livingstone (Escocia 1813-Zambia 1873) era toda una celebridad y puede ser considerado uno de los primeros grandes viajeros: atravesó el desierto del Kalahari, descubrió el lago Ngami, el río Zameze y las cataratas Victoria, recibió la medalla de la Royal Geographical Society y era uno de los exploradores más conocidos de su tiempo. Hacia 1869 Livingstone llevaba casi tres años sin que diera señales de vida; fue entonces cuando el director del New York Herald, Gordon Bennet contrató a Henry Stanley.
El encuentro se produjo dos años después en Ujiji y explican las crónicas como Stanley que hubiese querido correr a abrazar a Livingstone soltó un comedido: “ El Dr. Livingstone, supongo”. ( Mr. Livingstone, I presume)
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El lugar del encuentro se halla a unos quinientos metros de la playa de Ujiji, aunque según explica el guía del Museo Livingstone, por aquel entonces el agua llegaba hasta aquí.
La historia fue aquella, y la actualidad es otra, pero ni el guía ni el museo tienen desperdicio. Recorrer medio mundo para visitar el Museo Livingstone y encontrarse con la realidad supera cualquier ficción. El guía recita en verso la vida de David Livingstone, delante de un sencillo monumento levantado en el exterior donde presumiblemente se encontraron ambos exploradores. El museo contiene seis o siete cuadros a modo de historieta explicando las hazañas de los dos hombres y dos figuras de cartón a tamaño natural escenificando el momento.

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Algo más allá, la playa de Ujiji se abre sobre la majestuosidad del Tanganika mientras pequeños botes cruzan el lago al atardecer. Al otro lado sobresalen las montañas del Congo donde los conflictos siguen devastando la zona.
Aquí en Ujiji y en la población vecina de Kigoma, África respira con su aire anónimo, tranquilo y algo olvidado. Los poblados se extienden entre suaves colinas; la vegetación es abundante y la tierra generosa con sus frutos. Basta recorrer la región en automóvil para ver cientos y cientos de niños que surgen por todas partes. Miles de niños con ojos grandes e interrogantes. Apenas hay gente mayor en África. La malaria causa estragos y es la principal causa de mortalidad.
Algunas ONG ayudan a planificar, acogen refugiados del Congo, combaten la malaria y mejoran los conducciones de agua. El lago Tanganika recibe también a algunos viajeros en busca del pasado de David Livingstone, al encuentro con la historia.
El lago es todavía generoso con sus gentes y la pesca abundante. El escenario invita a soñar y a la esperanza. Uno desearía que esa paz social que se respira en Tanzania pudiera extenderse a la otra orilla del Tanganika y abarcar toda África.
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